Una mañana suave, apacible de finales de octubre en Madrid. Esperando al semáforo en verde para cruzar, en el Paseo de Recoletos, me le llamó la atención la pareja a mi derecha, esperando también para cruzar.
Ella era hermosa, una belleza triste y frágil. El semáforo cambia, ella avanza para cruzar. “Pero qué haces” él bruscamente, “cuando lleguemos a casa te vas a enterar”. Les miró de soslayo, siento esa presión en el estómago que hace temblar.
Cruzaron apresuradamente sin palabras.
Ella la cara del miedo, yo de la vergüenza.